Home » Gente grande

Gente grande

No me gustaría dejarlo aquí sin explicar el porqué del nombre “gente grande”. La primera vez que oí la expresión catalana gent grand para referirse a las personas mayores me cautivó. En ese momento la imagen que vino a mi cabeza fue la de personas sonrientes, importantes, con una gran experiencia, con un extenso pasado, con muchas ganas de continuar viviendo el día y a día, e inmersas en una etapa de cambio para afrontar sus nuevos retos.

¿Pero cuáles son los nuevos retos?

Entender y aceptar que el mundo va rápido y que se puede ralentizar y modelar para seguir en él. Afrontar la inexorable presencia de la muerte y saber morir en paz.

Dejar de sentir que quedan cosas por hacer o por decir.

Que los años que quedan, en una residencia, en sus casas o en casa de sus hijos, pueda ser un verdadero y profundo encuentro consigo mismos.

Para mí, la gente grande tiene un gran atractivo:

Hermosas historias o solo historias, pequeñas o enormes que salen de sus bocas y recuerdos;
Acciones pasadas, presentes y futuras.
Movimientos.
Reflexiones cargadas de una filosofía de vida sabia, basada en la experiencia.
Amor, mucho amor, y mucha generosidad.

Con esto no pretendo mitificar la vejez, que no deja de ser una etapa más de nuestra vida. Pero lo que tampoco quiero es que engañemos a los ancianos extendiendo sus carencias hasta el punto de robarles toda su “dignidad”, honorabilidad, responsabilidad, solvencia, su capacidad de decidir por sí mismos, sus posibilidades de gozar, de tener una vida de relaciones humanas cálidas, de que, a pesar de tener una situación difícil, tienen derecho a vivirla con toda la fuerza de la emoción.

Quiero ayudar y puedo hacerlo desde el coaching, porque una nueva etapa es una época de cambios, y para los cambios está altamente demostrada su eficacia.

Porque de la existencia de Gente Grande

  • Porque quiero que vean y sientan que no están abandonados.
  • Quiero que dejen de sentirse fuera del día a día.
  • Me gustaría mostrarles que la realidad no es esa, que entrenarse en conseguir una buena comunicación resolvería gran parte del problema.
  • Me gustaría que, supieran que aunque ya saben querer, ya saben aceptar, precisan aprender a no renunciar a su propia superación.
  • Me gustaría trabajar con la mirada de los hijos o familias que se preguntan cómo pueden ayudar.
  • Y con la de los padres que miran a sus hijos diciendo: nadie me apoya.
  • Quiero acompañar a los que no se sienten apoyados.
  • Entrenar a quienes no se saben capaces de ayudar.
  • Mostrarles que cuando estamos controlados por nuestros sentimientos y por nuestras creencias de toda una vida en común; tenemos ideas fijas sobre la otra persona y emociones muy fuertes hacia ella. Y desde ahí es muy difícil ayudar y sentirse apoyado. Porque en ese momento quizás no sólo el amor sea suficiente, porque quizás sea difícil que la otra persona lo vea, porque no sabemos cómo mostrar nuestro amor, no sabemos cómo decir a la otra persona: bien hasta ahora ha sido así pero de ahora en adelante voy a mirarte de una forma limpia, voy a dejar que me sorprendas, voy a permitirme descubrirte de nuevo.